La Ruta Jacobea

Fueron los monjes de la poderosa orden del Cluny los principales promotores de las peregrinaciones en la Edad Media, peregrinaciones que partían de todos los lugares de Europa e incluso de Oriente. Pero fue a partir del siglo XI, después de que los reyes Sancho el Mayor de Navarra y Alfonso VI de León establecieran la traza del Camino Francés, cuando el fenómeno de las peregrinaciones cobró especial relevancia.
El camino quedó definido entonces recurriendo básicamente a las numerosas vías romanas que unían diferentes puntos de la península. Pero ante el impresionante flujo humano había que dotar al Camino de la infraestructura necesaria para la atención de los peregrinos, y se fundaron hospederías, se crearon hospitales y cementerios, se levantaron puentes, se construyeron iglesias, se instalaron monasterios y abadías y, lo mas importante, se fundaron infinidad de núcleos de población en torno a la ruta, constituyendo un legado histórico y artístico tan importante que aún hoy es imposible valorar.
En este mismo siglo, un clérigo francés, Aymeric Picaud, presentó un libro conocido como Códex Calixtinus (que él fuera su autor es más que discutible), en el que ya describe el camino francés y da multitud de consejos para recorrerlo. Es, sin duda, la primera guía turística de la humanidad.
La Institución de la gracia del Jubileo -Indulgencia plenaria- por el Papa Calixto II, del Año Santo Jacobeo, y por su sucesor, Alejandro III, a través de la Bula Regis terna, a quienes visiten el templo compostelano los años en que el 25 de Julio (día de Santiago) coincidiese en domingo, impulsaron definitivamente las peregrinaciones a Santiago durante la Edad Media.
En el siglo XIV comienza un profundo declive, provocado tanto por las catástrofes que asolaron la centuria (sobre todo la peste negra) como por las numerosas guerras en las que se vio envuelto el continente. Esta decadencia se acrecentó en el siglo XVI: la irrupción del protestantismo y las guerras de religión fueron la causa, así como la ocultación de los restos del Apóstol durante casi 300 años para evitar que cayeran en manos de los piratas ingleses. Este proceso culminó en el siglo XIX con la práctica desaparición de las peregrinaciones. Comentan las crónicas que el 25 de Julio de 1867 apenas había cuarenta peregrinos en la ciudad de Compostela. En 1878 el Papa León XIII expide una Bula confirmando la autenticidad de los restos reencontrados del Apóstol, hecho que hace resurgir las peregrinaciones paulatinamente hasta llegar a 1993, último Año Santo.
El camino fue crisol de culturas, transmisor de corrientes e ideas por todo el Continente, encuentro de pueblos y lenguas y eje vertebrador de la primera conciencia común de Europa. Dijo Goethe que "Europa se hizo peregrinando a Compostela". En nuestros días, el Consejo de Europa ha definido el Camino de Santiago como Primer Itinerario Cultural Europeo y la UNESCO ha declarado a la ciudad de Santiago de Compostela, Patrimonio Cultural de la Humanidad.